Desde el páramo de la mezquindad.
La economía europea se desmorona y casi todas las economías latinoamericanas crecen, algunas de manera sostenida y hasta asombrosa.
La dominicana está entre ellas. El año pasado acaba de crecer casi un cinco por ciento, pero los economistas del PPH dicen que ese crecimiento no es real y pronostican catástrofe.
Se invierten en educación superior cifras casi astronómicas en comparación con tiempos recién pasados; se siembra el país de extensiones de la UASD y la misma sede central de la universidad pública, adonde acuden decenas de miles de estudiantes pobres, es sometida a una transformación sin precedentes, pero desde las filas del pesimismo se grita apocalipsis ya.
Los inversionistas buscan nuestros bonos; las calificadoras reconocen nuestra solvencia a pesar de los riesgos; reconocen nuestra estabilidad, a pesar de la desgracia de los precios del petróleo y las materias primas en el mercado internacional; la inversión extranjera se mantiene y crece…pero nuestros ‘’grandes analistas’’ no hacen más que ver nubarrones.
Por eso no es de extrañar que en gesto de verdadera solidaridad el gobierno dominicano haya donado una universidad a Haití y desde los mismos litorales de la irracionalidad, lejos de reconocer el esfuerzo, la tenacidad y la acción del gobierno dominicano, no se haya gritado otra cosa que críticas porque el presidente se atrevió en algún momento a hablar francés.
¿A dónde vamos con semejante…? ¿Cómo es posible que, lejos de reconocer la dimensión del acto de construcción y entrega de la universidad—un gesto sin precedentes en nuestra historia—lo que haya concitado la atención de cierta ‘’opinión pública’’ es que el centro se llama Henri Christophe, o que se haya construido en La Limonade, o que el presidente hablara francés?
¿Cómo puede tanta gente preclara moverse, vivir y pontificar desde el páramo de tanta mezquindad?
¿Cómo es posible que haya tanta gente inteligente dedicada solamente a ver, como decía Martí, las manchas en el plumaje del cóndor?
Santo Domingo, 16 de enero de 2012
tejeda.ramon@gmail.com
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