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Los principios y los valores que fueron enarbolados por el Consejo Nacional de la Resistencia en 1944 – para luchar contra el nazismo y crear una sociedad democrática y social-, son los que necesita la democracia moderna para volver a tener una sociedad de la que podamos sentirnos orgullosos. Ese es el punto de partida de Stéphane Hessel para regenerar la vida política en Francia.


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De la indignación a la resistencia 2/2
Carlos Báez Evertsz | perspectivaciudadana.com | 12-01-2011
    

Los principios y los valores que fueron enarbolados por el Consejo Nacional de la Resistencia en 1944 – para luchar contra el nazismo y crear una sociedad democrática y social-, son los que necesita la democracia moderna para volver a tener una sociedad de la que podamos sentirnos orgullosos. Ese es el punto de partida de Stéphane Hessel para regenerar la vida política en Francia. Creo de interés presentar sus principales argumentos e ideas, de la manera, más sintética y clara que me sea posible.

Hay que instaurar una verdadera democracia económica y social, donde el interés general prime sobre el particular, con un reparto justo de la riqueza creada por todos los trabajadores manuales e intelectuales. Ello debe primar sobre el inmenso poder del dinero. La educación estatal gratuita y de calidad, debe ocupar un lugar destacado para hacer de nuevo realidad la movilidad social basada en el talento, el mérito, la capacidad y el trabajo.

Todo ciudadano debe tener asegurado su derecho a una seguridad social que le permita una jubilación digna. No se puede admitir que se nos diga que “el Estado no puede asegurar el costo de esas medidas”. Hessel pone por ejemplo como después de la guerra, con unas condiciones económicas más duras y con menos riqueza social, se puso en marcha el sistema de la seguridad social.

Es impensable que en la actualidad se quiera poner en duda la viabilidad del sistema de seguridad social con una mayor riqueza nacional, con presupuestos más amplios. La razón no estriba, pues, en los recursos sino  en que hoy  el poder del dinero nunca ha sido tan grande, teniendo a sus propios servidores en las más altas esferas del Estado para hacer la política que beneficia a ese sector, no al interés general. En otras palabras,  el Estado lo dirigen servidores del interés particular.

Los ciudadanos, al indignarse con la situación existente, deben hacer uso de su libertad, “hay que ser responsables en tanto que individuos”. Este es un mensaje libertario. No se puede dejar, la libertad, la responsabilidad en manos del Estado, de un grupo de políticos, de ningún poder, ni dejarlo a un Dios. Hay que responsabilizarse, comprometerse, en “nombre de su responsabilidad como persona humana”.

En un mundo complejo como el de hoy las razones para indignarse pueden quedar desdibujadas. Vivimos en sociedades interdependientes, con una interconectividad como nunca se había conocido, pero siguen habiendo situaciones insoportables. La peor actitud es la indiferencia,  decir “no puedo hacer nada”, haciendo eso se pierde uno de los componentes esenciales que hacen al ser humano: la facultad de indignación y el compromiso que debe ser la consecuencia.

Hay desafíos impresionantes que se deben afrontar, uno de los más importantes es la enorme brecha que se abre cada vez más entre una minoría cada vez más rica, y una inmensa mayoría que se hace cada vez más pobre. Otro desafío es aplicar y defender los derechos humanos: el derecho a la educación y el  de toda persona, en tanto que miembro de la sociedad, a tener derecho a la seguridad social.

Hay que tratar de ser eficaz para conseguir los objetivos y para ello hay que actuar en redes y beneficiarse de todos los medios modernos de comunicación. También hay que ser claros en que, aunque en situaciones extremas de opresión y despojo, la violencia es comprensible, la misma no es aceptable porque no permite obtener los resultados que deben lograrse.

La no violencia es, pues, el camino que debemos aprender a seguir. En ese sentido escribe Hessel: “Estoy convencido que el futuro pertenece a la no violencia, a la conciliación entre culturas diferentes. La violencia no es eficaz”. Debemos construir una esperanza no violenta. Hay que comprender que la violencia le da la espalda a la esperanza. Los mensajes de Mandela, de Luther King, son pertinentes para hoy.

No se debe transigir en la defensa de los derechos humanos. Desde la posguerra ha habido enormes progresos: la descolonización, el fin del apartheid, la caída del muro de Berlín. Luego en los años noventa ha habido eventos positivos como la conferencia de Río sobre el medio ambiente (1992), la conferencia mundial sobre las mujeres  de Pekín (1995), la iniciativa de Kofi Annan, ex secretario general de la ONU, sobre los Objetivos del Milenio para el Desarrollo, por la cual 191 Estados se comprometieron a reducir a la mitad la pobreza en el mundo para 2015.

Ahora bien, luego hemos tenido la presidencia de George W. Bush, que con su reacción al terrorismo del 11 de septiembre, su dinámica de guerra “preventiva”, de violar abiertamente el derecho internacional y justificar la tortura, fueron un gran retroceso. A lo que hay que añadir la crisis financiera y el fracaso de la cumbre de Copenhague sobre el calentamiento climático.

Desgraciadamente, ni el presidente Obama,  ni la Unión Europea han manifestado cual sería su aporte positivo para una fase constructiva apoyada en valores fundamentales, señala Hessel.

Por todo ello, la rabia contra las injusticias se encuentra todavía intacta. Y hace un llamado a “una verdadera insurrección pacífica contra los medios de comunicación de masas que no proponen como horizonte para nuestra juventud que el consumo de masas, el desprecio de los más débiles y de la cultura, la amnesia generalizada y la competencia a ultranza de todos contra todos”. Concluye Hessel recordando a los que harán el siglo XXI, que, Crear, es resistir, y, Resistir, es crear. A lo que yo añadiría, que no hay que rendirse, jamás.

Bruselas, 11 de enero de 2010

 

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Etiquetas: Carlos Báez Evertsz | El espectador comprometido | Motivos para indignarse | La indiferencia | La apatía | Stéphane Hessel |
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