Los ataques contra Wikileaks, la campaña de intimidación extra-judicial en su contra, los bloqueos financieros de grandes corporaciones contra los responsables de divulgar los secretos diplomáticos y otras comunicaciones confidenciales, la coerción contra los editores de los medios cibernéticos que dan las primicias –logrando de inmediato un gran eco internacional-, la censura legal y la criminalización de la acción, hablan claramente de la intención de callar las voces que intentan desnudar las acciones sucias de algunos gobiernos y sus funcionarios; e indican que hay sectores poderosos para quienes el Estado democrático de Derecho solo es respetable si permite ocultar sus trapos sucios –sus acciones sin ética y sin respeto a la humanidad. Desde hace tres años, WikiLeaks está sacando al sol muchas acciones impúdicas que de otro modo quizás se hubieran borrado: torturas cometidas por gobiernos y militares, asesinatos de seres humanos inocentes (en las guerras en Irak y Afganistán), escándalos de corrupción en gobiernos y grandes corporaciones, fraudes electorales, etcétera. Como escribió hace poco el redactor de CNN John D. Sutter: “Las filtraciones en línea de WikiLeaks abren una puerta a la insurgencia mediática.” ¿Constituye un delito publicar informaciones que los gobiernos ocultan a sus ciudadanos –quienes los sostienen con sus tributos-? Casi siempre estas son facilitadas por confidentes del interior de las instituciones involucradas, o por personas contratadas para ejecutar actos ilícitos cuando sienten sus vidas amenazadas por ser portadores de los secretos. Afortunadamente, el Internet ha sido el medio utilizado para destapar los escándalos; no es de extrañar: ése es hasta hora el medio de comunicación masiva más democrático que existe en el mundo; los ciudadanos debemos proteger de sus enemigos la democracia cibernética, defendiendo los derechos de las organizaciones mediáticas –entre ellos las libertades de información y expresión; si perdemos estas estaremos camino a perder la democracia y los derechos conquistados por la Humanidad. • El autor es director del Instituto de Estudios Caribeños.
inec97@yahoo.es
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