Algunas personas se han espantado con los resultados de las elecciones recién pasadas. El mapa senatorial teñido de morado pone a pensar a cualquiera, hasta al menos interesado en la política. El PLD tiene demasiado poder, piensan. Tanto tienen –concluyen- que podrían sentirse tentados a usarlo mal, de manera caprichosa, egoísta y perjudicar negocios y familias. Y armar un mayúsculo desorden. Tienen temor.
Conocedora de esos temores y de la propensión de la gente -casi siempre indefensa ante gobiernos y poderes en general- de impresionarse con hechos y actuaciones contundentes y fuertes, y hasta de asustarse, la oposición ha creído oportuno estimular esos temores.
Nada nuevo en la oposición.
Incapaz de presentar propuestas mejores, viables, sostenibles y distintas a las políticas públicas que ejecuta el gobierno del PLD, la oposición, encabezada por el Nuevo PRD, ha venido apelando sistemáticamente al miedo. Sus vaticinios apocalípticos son antológicos.
Urgía “cambiar”, exigían al convocar a los electores, porque de lo contrario, de no castigar al gobierno y a sus candidatos, a partir de junio, a los dominicanos nos vendrían encima alzas en los precios, más desempleo, escasez, devaluación del peso, suspensión de pagos del servicio de la deuda, en fin, un rosario de desgracias. El último vaticinio delirante ha sido creer -¿o apostar?- a que la estabilidad macroeconómica colapsará a más tardar en el segundo semestre de 2011, lo que, en medio del caos y el descontento generalizado, les garantizaría la victoria de su líder, el empresario Vargas Maldonado, en las elecciones de 2012.
¿Hay razones para que familias y negocios dominicanos teman por los resultados electorales?
Nuevas, ninguna. El cambio en el Congreso –senadores y diputados- ha sido de naturaleza cuantitativa, no cualitativa.
Desde el 2006, el PLD, con 22 de 32 senadores y 96 de 178 diputados, no ha tenido dificultades para recibir la aprobación de sus iniciativas legislativas. Las ha aprobado con el apoyo de la oposición. Préstamos, nueva Constitución, por mencionar un par, recibieron el voto favorable de la oposición. En estos últimos cuatro años, la oposición en conjunto nunca utilizó su fuerza en el Congreso para presentar oposición. Contados casos, como el debate sobre el artículo 30, congresistas de la oposición, pero en su mayoría del partido de gobierno, levantaron voces disidentes.
Para los fines de lugar o del miedo, daría lo mismo que el PLD hubiese obtenido 24, 26, 28 o 31 senadores.
Las espléndidas mayorías que le ha otorgado el pueblo dominicano al PLD en 2006 y 2010 son idénticas cualitativamente.
Pero eso no es lo que preocupa al Nuevo PRD. Tampoco las leyes que van a aprobarse y los integrantes que habrán de escogerse en distintos órganos del Estado.
Pierda el miedo. En República Dominicana hay un empresariado y una sociedad civil fuertes, esclarecidas en sus intereses, que no tolerarían, que impedirían si fuere el caso, cualquier exceso o abuso de los legisladores del PLD. No me cabe duda. Y bueno que sea así. Como tampoco le preocupa al pueblo dominicano que votó como lo hizo para revalidarle al PLD la mayoría cualitativa que ya le dio en 2006.
La población reconoce en el PLD a un partido que ejerce su poder, en general, con prudencia, a tal punto que le renovó su confianza, a pesar de justificadas insatisfacciones.
Lo que preocupa al Nuevo PRD no es el poder que ha revalidado el PLD en el Congreso, ni lo que pueda hacer con él; le preocupa su disminuida condición de interlocutor con los sectores sociales, a pesar de la significativa fuerza que conservan en la Cámara de Diputados y en los gobiernos municipales. Teme que no lo tomen en cuenta, que no lo procuren.
Al Nuevo PRD le preocupa más no tener un senador que disponer hoy de 75 diputados y 57 gobiernos municipales, muchos de los cuales en capitales de provincia.
Santo Domingo, 28 de mayo de 2010
roberto@perspectivaciudadana.com
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