El gobierno derrochará en este diciembre 2009 la “friolera” de mil millones de pesos en entrega de canasta navideña. Aquí no se está sumado lo que gastarán los ayuntamientos, el Congreso Nacional, diversas instituciones públicas que la entregan directamente a sus empleados. Todo con dinero de los contribuyentes.
Cabe preguntarse ¿Cuál es el déficit que va a cubrir los más mil millones que gastaran todas estas instituciones? Hasta cuanto se reduciría el déficit de viviendas en las comunidades fronterizas? ¿Hasta cuánto se reduciría el desempleo en Hato Mayor, El Seybo, Monte Plata, Jimaní y Elías Piña? ¿En qué proporción disminuirá la pobreza?. ¿Y el aporte a la reducción de la brecha digital? ¿Y el hambre será cero por un día?
Con el dinero por gastar se podría crear más de 5 mil microempresas, con capital cada una de 200 mil pesos, las cuales crearían 20 mil empleos directos y 20 mil indirectos. En las cinco provincias anteriormente mencionadas se podrían construir más de 2 mil 500 viviendas y reparar un estimado de 15 mil soluciones habitacionales.
Sin embargo el legado balaguerista sigue operando en el sistema político dominicano. Un legado que apenas sirve para profundizar las prácticas clientelistas, las cuales en estas navidades preelectorales serán ampliadas. Los candidatos y candidatas a cargos municipales y congresuales observan erróneamente la coyuntura navideña como una oportunidad para influir en el mercado electoral. Pero no entienden que el porcentaje de fidelidad a los partidos ha bajado. La gente está cogiéndole a quien le dé lo suyo. Las primarias de los partidos así lo confirmaron.
Todavía la política dominicana opera con la lógica de hacer ahora para cobrar clientelarmente ahora y no para producir mañana cambios sociales y mejorar las condiciones de vida de la gente. Una canasta navideña solo sirve para producir momentáneamente un gozo que se disuelve al día siguiente. Y el político la entrega para ganar fidelidad. Pero el PLD, el PRD y lo que queda del reformismo seguirán compitiendo por una parte de los votos de la gente pobre que no le guarda fidelidad a nadie.
Sin embargo el derroche de los fondos públicos continuará, porque el dinero fácil es el más fácil de botar.
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