[ ELECCIONES 2004 ]
Lema y sublemas en el PRD Flavio Darío Espinal es abogado y politólogo dominicano.
Algunos legisladores del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) cerraron el año 2003 con una propuesta que no hace más que profundizar la incertidumbre y la desconfianza que reinan en la sociedad dominicana. Se trata de la propuesta de adoptar lo que se denomina Ley de Lemas, es decir, una reforma a la legislación electoral que permita a los partidos políticos presentar varias candidaturas en las elecciones presidenciales y que los votos de las mismas se sumen a favor de la candidatura partidaria que haya obtenido la más alta votación. Dicha ley recibe este nombre porque, bajo su esquema, los partidos políticos son considerados como Lemas y sus grupos internos como Sublemas, los cuales pueden presentarse a las elecciones nacionales con candidatos propios bajo la franquicia (Lema) de su partido. Esta propuesta tiene como telón de fondo la crisis no resuelta --y sin posibilidades previsibles de resolverse-- del PRD. Múltiples razones existen para rechazar este método electoral que se ha aplicado de manera aislada y sin éxito demostrable en algunos países latinoamericanos. La primera de esas razones es que con esta reforma se estaría traspasando el problema interno del PRD al sistema político en general, lo que equivale a decir que dicho partido estaría transformando su fracaso y su incapacidad para resolver las luchas fraccionales intrapartidarias en un problema de carácter nacional. De hecho, una de las críticas más fuertes que se le han hecho a la Ley de Lemas es que con la misma se pretende eximir a los partidos políticos de una cuestión tan fundamental como es la elección de sus candidaturas mediante procedimientos democráticos y transparentes. Otra razón de peso para rechazar esta propuesta es que la misma convertirían las elecciones en un engaño para el electorado, ya que un candidato podría resultar electo con los votos recibidos por otros candidatos. Si bien el elector sabe que está votando por una candidatura que pertenece a un partido, su voto quedaría atrapado en un sistema de conteo que podría terminar beneficiando a una candidatura a favor de la cual posiblemente nunca votaría. Por supuesto, esto no contribuye ni a la transparencia ni a la legitimidad del proceso electoral, ya que el método permite que una persona salga electa con los votos de una parte del electorado que no votó ni votaría por la misma. Una razón adicional para rechazar la Ley de Lemas es que la misma contribuiría al fraccionamiento del sistema político, pues es obvio que si los partidos políticos no son capaces de forjar sus voluntades colectivas mediante procesos internos legítimos, tampoco lo lograrán a través de este método. De hecho, uno de los rasgos sobresalientes del PRD cuando le ha tocado ejercer el gobierno es que traspasa sus luchas internas a las instituciones estatales, lo que termina siempre socavando la coherencia y la eficacia de éstas. La crisis del PRD no es razón válida para introducir en el sistema electoral dominicano una reforma que sólo augura problemas para la gobernabilidad, la estabilidad y la legitimidad del sistema político. Es de esperar, pues, que los demás partidos políticos con representación congresional se nieguen a prestarle al PRD los votos que éste necesitaría en la Cámara de Diputados para aprobar esta perniciosa reforma legal.
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