Perspectiva Ciudadana
¡Síguenos en Facebook! ¡Síguenos en Twitter! Suscrbete al Newsletter/Boletn

En portada

Entramos ya, queramos o no, en  franca campaña electoral.  Empezaron las marchas y caravanas.  Pronto arreciará la publicidad y a propaganda por los medios de comunicación tradicionales y por los nuevos (ya se siente en las redes sociales).


Comparte

Elecciones, programas y candidatos
Julio Sánchez-Maríñez | perspectivaciudadana.com | 31-10-2011
    

Entramos ya, queramos o no, en  franca campaña electoral.  Empezaron las marchas y caravanas.  Pronto arreciará la publicidad y a propaganda por los medios de comunicación tradicionales y por los nuevos (ya se siente en las redes sociales).  ¿Un nuevo festival electoral? ¿Una sucesión de caravanas, marchas, “bandereos”, disco-lights, caminatas, mano-a-mano, ruidosa y entorpecedora del tránsito y de la paz y tranquilidad públicas?  ¿Una nuevo tsunami de jingles, volantes, banderolas, cruza-calles, afiches y vallas, anti-ecológicos y anti-estéticos? ¿Mucha espuma y poco chocolate?

Para aquellos que no se inscriben en una vocación de relación clientelista con los políticos y candidatos y que tampoco quieren basar su decisión en una materia tan importante sobre la base de impulsos o preferencias emocionales, la ausencia de una promoción sobre la base de propuestas programáticas y de un debate a fondo en torno a las mismas, hace de las  campañas electorales en el país un  periodo de muchas cascaras y pocas nueces, ruidoso, costoso y, además, excesivamente prolongado.

Para una parte creciente de la población se trata de la época de las mentiras sin contén, de demagogia pura y simple, de las promesas vacías de intención de cumplimiento, del ejercicio descarado de “teatrismo” (que no teatro, con perdón de la Lupe), para buscar los votos para ganar situado y después “al poder que reparta suerte”.  Esa parte de la ciudadanía se inscribe entre el descreimiento y el cinismo, en “desesperanza aprendida”, y entiende que todos (los candidatos) y todo (el proceso) no son más que más de lo mismo. 

Entendible como es, ese tipo de reacción y de actitudes, cabe preguntarse: ¿a dónde nos lleva? Si nos lleva a la dejadez y a la  indiferencia, al dejar hacer, dejas pasar y, en materia electoral, al abstencionismo, habría que recordar a Edmund Burke cuando nos apuntaba que “Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada”.

Ciertamente, hay mucho espacio y mucha justificación para la desconfianza.  Pero…más allá del abstencionismo,  ¿hay otra forma de ciudadanía responsable que no apunte a exigir la definición y las propuestas de los candidatos y juzgarlos sobre esa base y decidir en consecuencia responsabilizándolos por los compromisos contraídos? 

En verdad, existe la alternativa clientelar, en la que lo programático cede el paso a la promesa de recompensa particular e individual, el apóyame que yo te recompensaré, vótame que yo te retornaré tu voto convertido en un puesto público, una prebenda, un favor.  

Otros dirán que la decisión debe basarse en un juicio de carácter: no importa el programa, no importan las propuestas, no en la medida en que importa lo impoluto, lo “serio”, lo honesto y lo ético, la trayectoria de cada candidato.  Por supuesto que el mejor predictor de conducta futura lo es la conducta pasada.  Y eso –reforzado por el morbo- explica el feroz escrutinio al que se somete a los aspirantes a puestos públicos, especialmente a los candidatos presidenciales, en muchos países.

Siendo el examen de trayectoria y carácter personal un ingrediente de la evaluación para la toma de definición por un elector de su decisión de voto, este se sumaría pero no sustituiría al examen de las propuestas o programa a presentar por cada candidato. Se elige a alguien para algo. Y, el algo es más importante que el alguien.  Por tanto, a un candidato a una posición pública, especialmente a la de primer dirigente y ejecutivo de la nación, hay que juzgarlo por sus propuestas, por lo atinado y consistente, lo viable y lo pertinente, que sean las mismas, así como por su trayectoria y su carácter.

Un ejercicio ciudadano responsable y basado en decisiones con un mínimo de racionalidad sopesaría entonces esas consideraciones, sobreponiéndose al barullo y demandando a los candidatos que hablen, claro y a fondo, sobre sus propuestas. Que las expliquen en el qué y el cómo, con los grados de especificidad que permitan ponderarlas mediante el análisis de su valor por su congruencia con lo que creemos y a lo que aspiramos, su relevancia respecto de los principales retos que enfrentamos y su viabilidad de aplicación, entre otros criterios.

Es responsabilidad de los candidatos, que debemos exigir que cumplan, el presentarnos con suficiente detalle sus propuestas, su programa, y es responsabilidad nuestra examinarlas a la luz de nuevas convicciones y aspiraciones. Si no podemos evitar el ‘caravaneo’ y los ‘bandereos”, las marchas y los mítines, sí podemos exigir la presentación, en vivo y directo, de las propuestas y el debate de las mismas.

En vivo y directo, que no se trata de que nos hagan circular un documento o que se limiten a la lectura de un discurso.  Y que se sometan al escrutinio, oral y contradictorio, con distintos interlocutores, de los medios de comunicación, de los representantes de las organizaciones de la sociedad civil, de las asociaciones empresariales y de los sindicatos. Y al debate sistemático entre ellos mismos, respecto de los cuales los ejemplos en otros países, como Estados Unidos o como España, son dignos de imitar.

Ese es un trabajo, el trabajo de los candidatos, que hay que exigirles y al cual debemos someterles. Sin dejar que escurran el bulto con unas cuantas frases sonoras, con simples críticas afines a lo que ya tantos criticamos, con enunciados huecos de sustancia en el qué y el cómo.

Al respecto hay que recordar a Don Melitón, personaje inscrito en los tiempos de la Segunda República, que Max Henriquez Ureña configuró en su Borrón y cuenta nueva, una de los creaciones que incluyó en el segundo volumen de sus Cuentos Insulares. Con exactitud kantiana, Don Melitón paseaba cada noche por los alrededores del Parque Colón para con regularidad británica retirarse a la media hora, “siempre callado,  como quien obedece a internas cavilaciones”; su silente y compuesto ritual fue tal vez la base de un “misterioso prestigio” alimentado por la creencia de muchos que le conferían excepcional capacidad e inteligencia. La especulación de  sus concurrentes en el parque lo hizo sabio hombre de negocios, economista un candidato ideal a Ministro de Hacienda en un país cuyas finanzas dejaban tanto que desear.

A tal punto llegó la fabulación de sus coetáneos que no obstante el ensimismamiento habitual de Don Melitón uno de ellos interrumpió su paseo esgrimiéndole: “Perdóneme la libertad que me tomo, Don Melitón, pero ¿ve usted una solución a la situación actual de nuestras finanzas?”; impávido e interrupto en su andar, Don Melitón respondió escuetamente: “¡Ah!, ¿pero es que nosotros tenemos finanzas?”. Dicha y oída, la expresión fue tomada como confirmación de la enorme sabiduría imputada al excéntrico personaje y la oleada de reverberación que desencadenó hizo inevitable que un gobierno sucesor de otro de  los muchos que en aquella época habían llevado al país a la  bancarrota terminara por ofrecerle el Ministerio de Hacienda para satisfacer el clamor popular. “¡Viva el salvador de la Hacienda nacional!”, vitorearon sus conciudadanos cuando Don Melitón fue juramentado como ministro.

Tras su juramentación, el nuevo ministro pidió un informe del estado de las finanzas públicas y, al saber del continuo déficit en las mismas a lo largo de una docena de gobiernos, exclamó vehementemente: “¿El Estado debe? ¡Malo! Y si el mal es endémico, peor. ¡El Estado no debe deber!” Como en el caso de su anterior declaración, un manto de admiración siguió a esta nueva proclama.  De inmediato, Don Melitón ordenó el pago regular de todas las obligaciones consignadas en el presupuesto, indicando que las deudas acumuladas serian enfrentadas “más adelante”. Por supuesto, sin corregir las causas del déficit y habiendo regularizado la ejecución presupuestal, el déficit siguió creciendo y los pagos cesaron. 

Tras dos meses en el puesto, Don Melitón presentó renuncia. No faltaron las críticas a su proceder como ministro, que encontraban natural que el déficit creciera ante la falta de correctivos a las causas del mismo. Pero tales críticas fueron opacadas por la reacción de los fieles creyentes en la excepcionalidad de Don Melitón, quienes concurrieron en la opinión de que no le habían permitido aplicar sus planes sino que le habían estorbado llevándole a la renuncia.

Disfrutando aun de su buena reputación, Don Melitón regresó a sus cronométricos paseos por el parque Colón y  en uno de ellos un reportero pudo lograr de él la siguiente declaración: “Confieso que me equivoqué. No basta con llevar a cabo una reforma en nuestra Hacienda. El país lo que necesita es una reorganización integral. Sí, esa es la palabra: in-te-gral… Así como suena…

Pese a lo habitualmente escueto de sus declaraciones, tipo titular de primera página, ésta última fue también celebrada como las anteriores pues la fe en la capacidad y los conocimientos de Don Melitón  se mantenía en una muy amplia franja de la población.  Uno de sus críticos, sin embargo, apuntó a un contertulio lo siguiente: “¿Sabes lo que quiere decir eso? Que Don Melitón trueca su papel de economista por el de estadista. Las aspiraciones que ha venido rumiando para sus adentros en tantos años de dar vueltas al Parque Colón, son ahora más altas. Y como el pueblo de ha dejado embaucar por ese hombre que sabe cultivar el arte de no hablar o de hablar poco, ya lo veremos, uno de estos días, en la Presidencia de la República…”

Como en aquel entonces, el país no necesita un Don Melitón que, limitado a declaraciones rimbombantes o a una engañosa reputación nos lleve a ninguna parte. El país merece y debe reclamar de los candidatos presidenciales, todos, la explicación de sus propuestas para llevarnos adelante por buenos rumbos en tiempos convulsos.

 

blog comments powered by Disqus

Etiquetas: Julio Sanchez-Maríñez | Campaña electoral | Propuestas programaticas |
Enlace al artículo original:

 

Ñapa: Blogs
Pablo McKinney Atilio Borón Robert Reich Michael Moore Carlos Báez Evertsz
Federico Mayor Zaragoza Juan Torres López Manolo Pichardo Carlos Santos Vicenç Navarro
Rosario Espinal Paul Krugman Angeles Mastretta Adriano Miguel Tejada Ramón Tejada Holguín
Antoni Gutiérrez-Rubí        
Diario multimedia no lucrativo dominicano a favor de políticas solidarias, la tolerancia y el bienestar ciudadano, Perspectiva Ciudadana es una iniciativa de
Red Vida Cotidiana
, empresa ciudadana solidaria, ONG de la República Dominicana. En la red desde enero de 2001. Reproducción permitida, siempre que se cite la fuente. Celebramos y estimulamos el Software Libre. Perspectiva Ciudadana está diseñada y gestionada con PHP, Apache, MySQL y Ubuntu/Linux.
Portada | Quines somos? | Contacto | Publicidad