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Definición de la política del sector externo
eduardo j. tejera | HOY.COM.DO | 29-10-2002
    

La política del sector externo y, en particular, del endeudamiento externo ha sufrido importantes cambios en los últimos dos años, que deben ser analizados para definir el mejor camino a seguir. En agosto del 2000 la deuda externa ascendía a US$ 3,675 millones.

Sin embargo, como en el primer año y medio, el Gobierno tuvo una política muy liberal de firmar numerosos contratos de préstamos externos y por altos montos, el Congreso Nacional aprobó cerca de US$ 2,600 millones, incluyendo la emisión de los bonos soberanos por US$ 500 millones a seis años. El indiscriminado aumento de las aprobaciones por el Gobierno y el Congreso obviamente causó gran preocupación y crítica en el país, de la cual yo mismo he compartido en varios artículos.

La fuerte oposición en el país vino por distintos motivos, por las rápidas aprobaciones al vapor en el Congreso, sin conocimiento cierto de las condiciones, por algunos préstamos aventureros y con agencias crediticias desconocidas, por el abrupto cambio del perfil de la deuda de externa, pues loscréditos de instituciones multilaterales bajaron del 34 % en 2000 % al 32 % en 2001 % del total, los bilaterales se redujeron de 47 % al 39 %, y los bancos privados subieron de 18 % al 27% y losbonos soberanos representaron el 12 % del total de la deuda externa.

El cambio del perfil fue rápido y delicado. También la crítica surgió por algunos escándalos que se debatieron en la prensa por los abultamientos de precios y por dudosos representantes que no tenían ni tienen capacidad para ejecutar los proyectos.

Aún dentro del mismo Gobierno había bastante preocupación de algunos miembros de la Junta Monetaria y hasta un Ministro llegó a calificar varios de los préstamos de " aventureros ". Todo esto provocó un cambio en la política del Presidente Mejía, quien escuchó el clamor de la nación y cambió el giro de la situación. De esta manera, comenzó una segunda etapa de la política de endeudamiento, en el primer trimestre del 2002 cuando el Gobierno primero comenzó a reducir las aprobaciones y por abril detuvo todo endeudamiento externo.

Después, inclusive, en otro paso más radical el Presidente en su discurso a la nación el pasado 16 de agosto mandó a retirar todos los préstamos externos que estaban bajo estudio en el Congreso por un valor de cerca de US$ 1,000 millones y los remitió a una Comisión Evaluadora, para análisis y depuración, que creó por decreto en la Secretaría de Finanzas.

Por lo tanto, el Gobierno fue de un extremo a otro, por una reacción política debido a la crítica y decidió detener todo nuevo préstamo externo, con futuras consecuencias para el sector externo. Sin embargo, sucedió algo muy dañino y que evidenciaba la poca credibilidad de los tantos préstamos externos aprobados por el Congreso. Del total de US$ 2,600 millones aprobados (menos los bonos) solamente se han desembolsado alrededor de US$ 230 millones, lo que es un monumento a la ineficiencia y la ingenuidad financiera.

En verdad se ejecutaron tan pocos de los créditos porque no tenían una base financiera sólida y para lo único que sirvieron fue para desacreditar, lamentablemente, al propio Gobierno. Eso se lo dije al Presidente hace meses y fue muy receptivo. Me dijo que esa política iba a cambiar y así ha sido.
Sin embargo, a mi juicio, es delicado y contraproducente pasar de un extremo al otro, pues los préstamos externos cuando son buenos, en condiciones competitivas y para proyectos prioritarios son necesarios en un país en desarrollo.

El Presidente Mejía hizo lo correcto en escuchar y crear una Comisión Evaluadora, pero no debería por el bien de la Balanza de Pagos y de los proyectos buenos, eliminarlos todos de un golpe. Esa entendible política en su momento tuvo su razón de ser, pero ahora debe ser revisada y flexibilizada dentro de buenos criterios técnicos y financieros.

Para el país es bueno tener un flujo de divisas positivo externo o, por lo menos, neutral, para no tener más egresos de pagos que ingresos por desembolsos al año. Pero eso se puede obtener de varias maneras, no sólo una. En el primer semestre de este año el flujo neto externo de capitales fue precario, de apenas US$ 1.0 millón, pero va camino a deteriorarse en el 2003, por diferentes razones corregibles.

La idea tanteada de realizar otra emisión de bonos soberanos entre US$ 500 a US$ 700 millones para pagar deudas existentes (nada para financiar parte del Presupuesto), es en principio una opción viable, pero no la única, si realmente se limita, insisto se limita, su uso para el pago o canje de deudas de corto plazo y/o para cubrir la porción del déficit del flujo externo, no por la totalidad del servicio del año entrante. No todos los pagos del 2003 son de corto plazo. Es decir, hay que ver bien los números y aclarar estas interrogantes. Igualmente, también se puede estudiar la opción de tomar un préstamo a de 7 a 9 años al LIBOR más 3.5% o 4.5 %, algo como un 5.5 % o 6.5 % global anual, que serían más baratos y tendrían un período de gracia de 3 años o más y un plazo de amortización de 5 o 6 años. ¿ Cuál es el objetivo, cubrir con ingresos de los bonos la porción de corto plazo o todo el servicio de RD$ 14,300 millones del 2003 ? La brecha del flujo de caja exterior posible no es tan grande bajo ningún caso, quizás no más de US$ 200 millones, que preferiría que lo maneje como siempre ha sido el Banco Central y la Cuenta de Capitales privadas. La brecha surge de la diferencia de lo que recaude la Comisión Cambiaria y los impuestos a los hidrocarburos y los compromisos externos previstos, algunos de los cuales inclusive se podrían reestructurar y refinanciar con los bancos.

Lo que me preocupan son los bonos genéricos a término, pues somete al país a la implacable voluntad de cientos de tenedores, los bancos de inversión y las volátiles calificadoras de riesgos países. Otro factor a conocer, es si los bonos serán a término, que después no se podrán pagar en su momento y hay que renovarlos o tendrán un período de gracia y de amortización, para no dejarle una bomba a las futuras generaciones. Por otro lado, me parece exagerado e innecesario el alto monto y creo que resquebraría aún más la crisis de confianza y la incertidumbre futura, pues el país lo podría interpretar como la única salida de una crisis financiera, como ya señaló con ojo agudo el Señor Cardenal. Cuando en verdad no hay ninguna crisis de fondo ni nada que no sea manejable con buena ingeniería financiera de flujo de caja, pero eso se debe aclarar porque la imagen y la forma de presentar la propuesta no me pareció muy atinada y en mal momento psicológico del mercado. Cualquier mala interpretación sí fomentaría una crisis, pero de confianza, lo que afectaría la tasa de cambio y tendría un efecto contrario al deseado.

Por otro lado, deseo insistir, que ya sean bonos o préstamos para pagar la deuda de corto plazo del 2003, existen diferentes opciones internas y externas que pueden ayudar al cuadro fiscal del Gobierno y además cualquiera de las dos alternativas tienen también consecuencias en la política fiscal doméstica. Me explicaré. Para el año que viene hay que amortizar al exterior cerca de US$ 700 millones, por lo que hay que decidir uno de dos posibles distintos objetivos. Se desea neutralizar el flujo de caja externo de los préstamos internacionales o el objetivo sería más amplio de incluir como meta un resultado de Balanza de Pagos positivo. Son dos alternativas distintas, que requieren de medidas u opciones diferentes. ¿ Cuál es o en cuál se piensa, una más limitada o la más amplia?

Si se tiene como objetivo único lograr un flujo neto de capitales externos, entonces la brecha puede ser cerca de US$ 200 millones y según que deudas se incluyan podría ser US$ 300 millones. Si este es el caso, las soluciones pueden ser; a) acelerar los desembolsos de los muchos préstamos en ejecución (que se cuantifique e informe), b) se continúen aprobando y desembolsando los buenos créditos internacionales prioritarios y sanos y, c) se utilicen los distintos mecanismos del Banco Central con sus corresponsales vía préstamos revolventes, descuentos giros escalonados y otros instrumentos, que recuerdo que utilizamos en los dos shocks petroleros del 1973 y 1976, que fueron mucho más fuertes que el actual. Si se quiere estudiar, como recomiendo que sea, con una real visión de conjunto, entonces hay que ver el cuadro entero del sector externo financiero, y se enfatice más el flujo por inversión extranjera directa y la entrada de ingresos financieros en dólares. Una alta inversión extranjera paliará mucho el déficit del flujo externo visto sólo sobre los préstamos, como ha sucedido en los últimos seis años. Es decir, utilizar de forma proactiva la Cuenta de Capitales. En el fondo, lo crucial es el resultado global de la Balanza de Pagos y esa óptica completa es la que hay que tener, para no caer en alarmas dirigidas o provocar, por gusto, aún más desconcierto.

Por el lado fiscal, hay que estudiar sus consecuencias. Hay que tener, como se ha anunciado, un Presupuesto del 2003 conservador, que no aumente más de 10 %, que se base más en recursos internos, se logre un consenso con un paquete fiscal reformulado que incremente en RD$ 2,300 millones los tributos internos, que se combata más directo la evasión, se aumente los impuestos sobre la propiedad inmobiliaria de lujo que es bien baja, carros de lujos, aviones, helicópteros y cualquier impuesto directo sobre el que puede pagarlo. Se amplíe la base del ITIBIS sin bajar la tasa (por lo menos por dos años) selectivamente sin afectar los artículos de la canasta básica, quizás se aumente el anticipo al 2 % pero sujeto a liquidación, según las ganancias o pérdidas, y que no se reduzcan los impuestos selectivos a la importación de whisky.

Por el gasto, que se congele el gasto corriente total y radicalmente, el Gobierno fije un tope mensual para todas sus obras públicas con recursos internos y se congele o reduzca la nómina en un 5 %, para dar el ejemplo. pues otra emisión se interpretaría como una manera de financiar nuevos gastos e inversiones en el Presupuesto del 2003. Por otro lado, en caso de la opción de una emisión de bonos soberanos, habría que aclarar que pasaría con los fondos internos que se liberarían del orden de RD$ 10,000,000 o RD$ 14,000,000 millones, según el tamaño de la emisión. Una suma que crearía otro problema de recalentamiento y de desbordamiento macroeconómico. Crearía dudas y desconfianza sobre la política de austeridad y control del gasto público anunciada. Otro dos puntos que se necesitarán respuestas, son la Comisión Cambiaria que genera cerca de RD$ 7,000 millones y los impuesto a los hidrocarburos que producen cerca de RD$ 5,550 millones, ambos especializados para el pago de la deuda externa. Se van a eliminar o no, lo dudo. En resumen, hay mucho que estudiar con visión de conjunto y mucho que aclarar.

Faltan dos elementos vitales que hay que agregar a toda la ecuación; una el factor psicológico del país y su reacción a cualquier media que considere extrema y, dos, los efectos políticos sobre la gobernabilidad. Recomiendo pensar bien el factor psicológico y las señales que surgen, porque puede crear sin desearlo serias dudas, que no comparto, sobre la estabilidad futura de la economía y que a la larga puede afectar el mercado cambiario aún más. Yo, por mi parte, creo en el futuro y estimo que es manejable con creatividad y buena voluntad. Por otro lado, me preocupa bastante el golpe político contra el Gobierno, PRD y PPH, que estimo innecesario y fatal cara el futuro. Como creo que hay diferentes alternativas, me parece que la decisión final sobre los bonos es ahora más política, que económica. Que lo piensen bien los dirigentes del área política. Esto lo digo como perredeísta, que aunque estoy en mi actividad privada, por mil razones de tantos años me consideran y soy parte del Gobierno.

Por último, la oposición debe colaborar en estos delicados temas de interés nacional, y que se ponga de acuerdo con el Gobierno en puntos y topes de la parte financiera externa y la fiscal. Un consenso o aproximación mínima. El mundo está muy convulsionado para hacer política de barrios de los debates internos serios y tranquilos, que tienen categoría de Razón de Estado. Pero el Gobierno también debe acercarse a la oposición y dialogar con las barajas abiertas. El país civil espera esta cooperación de los partidos y políticos.


 

 

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