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PerspectivaCiudadana.com agradece a Taty Hernández Durán, poeta y crítica literaria, esta colaboración; felicita a Néstor E. Rodríguez, primer premio "Concha Meléndez" de crítica literaria, por su ensayo "La Isla y su envés: representaciones de lo nacional en el ensayo dominicano contemporán


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¿Para qué sirve la crítica? Diálogo con Néstor E. Rodríguez
Taty Hernández | PERSPECTIVACIUDADANA.COM | 30-07-2002
    

PerspectivaCiudadana.com agradece a Taty Hernández Durán, poeta y crítica literaria, esta colaboración; felicita a Néstor E. Rodríguez, primer premio "Concha Meléndez" de crítica literaria, por su ensayo "La Isla y su envés: representaciones de lo nacional en el ensayo dominicano contemporáneo".

"La identidad sigue siendo la gran inquietud de la literatura y el discurso intelectual dominicano, incluso en aquellos autores que no abordan esta temática de forma directa. La teoría y la crítica cultural de las últimas décadas han visto en el tratamiento de temas como la identidad o la nación un debate hace tiempo superado."

El pasado 25 de junio, Librusa, la agencia de noticias literarias, traía la novedad de que el dominicano (La Romana, 1971), profesor de literatura latinoamericana en la Universidad de Emory, Estados Unidos, había obtenido el Primer Premio "Concha Meléndez" de crítica literaria que otorga el Instituto de Cultura Puertorriqueña por su ensayo "La isla y su envés: representaciones de lo nacional en el ensayo dominicano contemporáneo".

Inmediatamente le enviamos una nota de felicitación en la que además le sugerimos la posibilidad de hacerle una entrevista. La magia del Internet establece puentes por donde las emociones transitan a la velocidad de la luz y por ello la respuesta de Néstor E. Rodríguez llegó en menos de media hora a mi bandeja de correos. Me habló sobre su nerviosismo ante la idea de trasladarse a Puerto Rico para recibir el reconocimiento en una actividad en la cual hasta la Gobernadora de la isla figuraba entre los invitados.

Días después, mientras Néstor volaba todo nervioso a recoger su galardón yo me leía el ensayo por el cual lo obtuvo. A su regreso, y utilizando los correos electrónicos, surgió esta entrevista.


Acabas de obtener un importante premio de crítica literaria en Puerto Rico. Háblame de esa premiación.
El Premio "Concha Meléndez" de Crítica Literaria fue convocado por el Instituto de Cultura Puertorriqueña en memoria de esta reconocida ensayista y educadora, que en mi opinión fue la verdadera responsable de ubicar a Puerto Rico en la geografía cultural de Hispanoamérica a partir de la década del 40. Materializó ese proyecto a través de la cátedra y de su prosa ensayística, pero sobre todo por medio del diálogo continuo con la intelectualidad más audaz de su momento. Por eso ha significado tanto para mí el recibir esta distinción. El jurado estuvo integrado por académicos que respeto mucho, como es el caso de José Luis Vega y Arturo Echavarría, dos de mis mentores en la Universidad de Puerto Rico. 

"La isla y su envés" me suena a una parodia de "La isla al revés" del Dr. Joaquín Balaguer. ¿Por qué esa similitud de títulos?
El ensayo premiado, "La isla y su envés: representaciones de lo nacional en el ensayo dominicano contemporáneo", consiste de una arqueología del pensamiento nacionalista dominicano tal y como se ha manifestado históricamente en el discurso intelectual hasta el presente. Para ilustrar esta tendencia en la ensayística dominicana me concentro en Peña Batlle, Balaguer y la copia al carbón de éstos en la actualidad: Manuel Núñez. El título es totalmente irónico. Estos autores arman todo un andamiaje retórico para colocar en él al sujeto que para ellos alegoriza la nación dominicana; por supuesto, ese sujeto no es menos artificial que el espacio que le construyen desde la letra estos autores. Hay un poema de la cubana Reina María Rodríguez que comienza con este axioma: "Las islas son mundos aparentes". En la ensayística de autores como Peña Batlle, Balaguer y Núñez, la isla se concibe como la casa-nación; ésta ostenta un carácter metafísico que precisa ser reiterado. En mi ensayo sostengo que esa ansiedad por subrayar el valor absoluto de la geografía insular como determinante de un ser nacional con características fijas lo que indica es el terror a que esa manera de entender lo dominicano esté perdiendo vigencia en el imaginario social. Se reitera esa narrativa de la nación por temor a su inminente borradura. El nacionalismo pierde de vista que la geografía es una contingencia; naces en La Romana como pudiste haber nacido en Jacmel. Buena parte de la literatura más reciente producida desde dentro de la isla y en la diáspora da cuenta de esa falacia de la identidad nacional fija que los dominicanos llevan como una especie de marca genética de acuerdo a los arcontes del nacionalismo. La narrativa de Aurora Arias, Rita Hernández, Pedro Antonio Valdez y Junot Díaz; los libretos para "performance" de Josefina Báez  y la poesía de Manuel Rueda en Las metamorfosis de Makandal son sólo algunos de los múltiples ejemplos que se pueden mencionar para acentuar ese claro desfase entre la literatura y el pensamiento tradicionalista dominicano en cuanto a la representación de lo nacional se refiere. 

¿Por qué seleccionaste este tema sobre la representación de lo nacional o la dominicanidad para este ensayo?
La identidad sigue siendo la gran inquietud de la literatura y el discurso intelectual dominicano, incluso en aquellos autores que no abordan esta temática de forma directa. La teoría y la crítica cultural de las últimas décadas han visto en el tratamiento de temas como la identidad o la nación un debate hace tiempo superado. Yo he pretendido volver a estas categorías en el contexto de la República Dominicana precisamente para remarcar lo que tienen de ilusión, para reiterar su calidad de artificio y así intentar desgajar ese monolito llamado la "dominicanidad". Mi interés no ha sido otro que complicar las formas tradicionales de pensar lo cultural y lo político haciendo visibles los hilos de la tramoya. "La isla y su envés" forma parte de ese proyecto crítico en el cual vengo trabajando desde hace un tiempo.

Un proyecto crítico suena interesante y me pregunto y te pregunto  ¿para qué sirve la crítica literaria?
Yo creo que sirve para muchas cosas, sobre todo si se piensa en la crítica literaria y cultural en general como una forma de pedagogía pública, como una práctica que contribuye a formar animales políticos más lúcidos, cuerpos intelectivos más libres y mejores seres humanos. Ahora bien, la crítica supone un proceso de conocimiento mutuo entre el individuo que la articula y los que la reciben, y tengo la impresión de que en ese afán de concretización radica una de sus principales funciones. Pienso que el oficio de la crítica surge de un principio básico que consiste en colocarse siempre más allá de la doxa, de la opinión común, de esa versión irrefutable de la realidad circundante.

¿Cómo ves la crítica literaria en nuestro país? ¿Se está haciendo crítica literaria profesional en República Dominicana?

En Santo Domingo no se produce crítica literaria, no bajo los parámetros que te describía antes. La crítica literaria dominicana adolece de un marcado paternalismo y se rige por teorías anacrónicas producto de la formación académica de críticos que no se han preocupado por actualizar su conocimiento y que prefieren mantenerse en el nicho seguro del territorio que dominan. Aquí se publican panegíricos, invectivas, acuses de recibo, resúmenes de textos, rimbombantes análisis sociológicos y ¡hasta lingüísticos!, pero no se escribe crítica. Te pongo un ejemplo dramático. Cuando Vargas Llosa publicó La fiesta del chivo y los grandes nombres de la crítica literaria nacional empezaron a reaccionar, uno de esos críticos consagrados dedicó todo un artículo a enumerar las inconsistencias gramaticales que encontró en la novela del peruano. Con eso demostró su preparación en la disciplina de la lingüística, pero no dijo nada del texto en cuestión. Se pueden contar con los dedos de una mano los individuos que se alejan de este patrón. Uno de los factores que perjudica el desarrollo de la crítica literaria dominicana es la falta de foros adecuados para ello.  ¿Cómo puede haber crítica en un país que carece de publicaciones especializadas en ese tipo de actividad? Los suplementos culturales en los diarios dominicanos proveen de un espacio siempre limitado por las directrices del ámbito periodístico. En cinco cuartillas no se hace crítica literaria, más bien se esboza cierto protocolo de lectura. Aún así, los suplementos siguen siendo el foro principal a la hora de atisbar lo que se mueve en la crítica nacional. Algunas revistas literarias nuevas han abierto la puerta a la crítica sin esas limitaciones en cuanto a extensión se refiere; Xinesquema es un buen ejemplo de esto que te digo, pero también están Vetas y Estudios Sociales.

¿Piensas que los críticos literarios dominicanos realizan aportes sustanciales al crecimiento de nuestros autores?
Pienso que contribuyen a dar a conocer autores que se amoldan a la norma del establishment cultural del país, al canon que ellos mismos han ayudado a conformar. A los autores que no compaginan con ese canon se les condena a la invisibilidad.

¿Existe algún nexo con la crítica literaria que se hace en el resto del Caribe?
En Cuba y en Puerto Rico el panorama de la crítica no es menos desalentador que el que tenemos en República Dominicana. En las Antillas vecinas también se padece del síndrome de la insularidad, ese impulso atávico de mirarse el ombligo. Pero aún así la crítica tiene en esos lugares mayor tradición que en nuestro país. Cuba cuenta con diversas publicaciones especializadas en la crítica cultural, incluso muchas que se mueven en un espacio alternativo, sin la venia del Estado, como es el caso de la revista Diáspora(s), publicada por el colectivo del mismo nombre, y de Azoteas, ésta última editada por Antón Arrufat y Reina María Rodríguez. En Puerto Rico la crítica más audaz se publica en las revistas Postdata, Bordes y Nómada, aunque también hay que mencionar aquellas que se editan desde los diversos centros de educación superior: Exégesis, Cupey, Revista de Estudios Hispánicos, La Torre, Cayey, entre otras.

Contrario a lo que ocurre en nuestro país, la crítica cultural ejercitada desde la prensa escrita no cuenta en Puerto Rico con demasiados practicantes, aunque hay que destacar en esa línea la encomiable labor del dominicano Eugenio García Cuevas. Lo lamentable del asunto, y con esto retomo el meollo de tu pregunta, es que prácticamente no existen vínculos entre lo que se lleva a cabo en cada una de las islas del Caribe hispano en cuanto a crítica se refiere. Qué no decir de lo que acontece en ese renglón en las islas del Caribe anglófono y francófono. En Santo Domingo se puede traducir con bombos y platillos un texto de Henri Meschonnic, pero no se vierte a nuestro idioma ni una línea de la obra crítica de Édouard Glissant, Patrick Chamoiseau o Kamau Brathwaite, autores caribeños que nos son soberanamente más cercanos. 

Háblame de la proyección de la literatura de nuestra parte de la isla y del Caribe en general.

Con la literatura reciente de Cuba y de Puerto Rico ocurre como con la crítica, que no se conoce en el ámbito de nuestro país. Pero éste no es un problema de Santo Domingo únicamente. Cuando te trasladas a las demás islas te das cuenta que se experimenta la misma situación. Por lo general, al ir empapándote de la literatura antillana contemporánea te das cuenta de las numerosas conexiones entre lo que se produce en cada uno de los territorios vecinos. Por ejemplo, hoy lees La estrategia de Chochueca de Rita Hernández y descubres un Santo Domingo subterráneo, una ciudad desconocida. Mañana te trasladas a La Habana y te cae en las manos una novela de Jorge Ángel Pérez titulada El paseante cándido. No bien pasas del segundo capítulo cuando ya sabes que te van a presentar en bandeja de plata la disección de esa otra capital caribe en toda su complejidad. Luego alguien te recomienda leer el Breviario de Juan Carlos Quiñones o las Historias tremendas de Pedro Cabiya y reparas en que estos autores puertorriqueños fatigan las mismas calles que otros en Cuba y Santo Domingo, lo único que ha cambiado es el mapa sobre el cual se proyectan esas direcciones aproximadas. La literatura del Caribe está de moda en estos tiempos tanto entre el público lector académico como entre los laicos. Ese súbito interés tiene la ventaja de sacar a algunos autores del reducido circuito editorial isleño y contribuye a dar a conocer a los que quedan detrás esperando su momento. Pero esta misma euforia tiene a veces su lado gris. Ya se empieza a vislumbrar en algunos autores que logran afincar en el mercado editorial europeo cierta tendencia a la escritura por receta, es decir, a la repetición ad nauseam de ese mismo proyecto estético que los consagra.

Saltando de las islas al territorio insular ¿Cómo ves la producción literaria de la diáspora dominicana?

Es una producción bastante desigual. En la literatura diaspórica escrita en inglés encuentras textos sin pulimento, textos que sabes que fueron escritos atropelladamente a lo mejor bajo la presión de un contrato millonario con alguna de las subsidiarias de Random House, el pulpo de la industria editorial en los Estados Unidos. Eso que te digo se ve en obras como Geographies of Home de Loida Maritza Pérez. Las primeras cien páginas de esta novela exhiben tal grado de pobreza en comparación con lo que lees después que bien pudieron haber sido eliminadas por completo.  La misma crítica se le puede hacer a Julia Álvarez, quien ha dado a la imprenta varias novelas que manifiestan esa prisa que te mencionaba anteriormente. El caso de Junot Díaz es una historia aparte. A mi juicio, Junot es el único de los autores domínico-americanos que no ha sucumbido ante las presiones del carrerismo literario norteamericano. De los autores de la diáspora que publican en español no me atrevo a opinar porque no los he estudiado a fondo y eso me impide comentar con propiedad. Pero de lo que he leído hasta ahora es la poesía lo que más me ha impresionado. Hablo de autores como Alexis Gómez Rosa, Miriam Ventura, León Félix Batista y el gigante Carlos Rodríguez, prematuramente desaparecido.

Por último ¿Percibes la vigencia de una conexión entre cultura y poder político en RD?
Absolutamente. La conjunción entre poder político y cultura es una de las numerosas taras heredadas de la época dictatorial. Te voy a dar dos ejemplos recientes de ese hermanamiento. Uno lo tuvimos a propósito de la concesión del Premio Feria del Libro "E. León Jiménez". El jurado de ese premio, integrado por intelectuales considerados de avanzada, como son Andrés Mateo, Marcio Veloz Maggiolo y Carlos Esteban Deive, optó por premiar El ocaso de la nación dominicana, una obra execrable que cancela totalmente todo lo que ellos habían teorizado antes en el contexto del Santo Domingo de la transición. Un acontecimiento como ése sólo se explica en base a los vínculos estrechos entre la cultura y el poder político. El otro ejemplo surge de la polémica desatada por José Antinoe Fiallo al describir a un Pedro Henríquez Ureña poco crítico ante las atrocidades de la dictadura. Hay que ver cómo han vapuleado a Fiallo desde todos los frentes imaginables por atreverse a manchar la reputación de Henríquez Ureña con semejantes señalamientos. Jorge Tena Reyes incluso amenazó con hurgar en el linaje de Fiallo en busca de parientes efectivamente blandos ante el régimen totalitario. En un país donde la cultura es más bien una cultura política, la crítica de Fiallo se interpreta como una traición a la patria.

 

 

 

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Etiquetas: Taty Hernández | Nestor e | Rodriguez | La isla y su envés |
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