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La pobreza los empuja a desafiar todo tipo de peligro a su edad. “No me gusta, porque a veces hay gente que me dice: mira muchacho del diablo vete de ahí”, y eso, explica cabizbajo, “me da mucha vergüenza”. Lo peor es la lluvia, argumenta Daniel, “cuando uno está trabajando y está nublado, que va a caer agua, a uno se le daña el día, porque la gente no quiere que le limpien el carro. Senos daña el día cuando llueve”.

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Niños trabajan en la calle para ayudar a padres
german marte | eldia.com.do | 04-03-2008
    
SANTO DOMINGO.- A Daniel  no le gusta su trabajo actual, sólo lo hace por necesidad, para ayudar a mantener la casa. En realidad lo que él quiere es ser fiscal, y  estudia para algún día lograr su meta.

Con apenas diez años de edad, ya Daniel tiene comprobado al menos dos cosas: que la necesidad tiene cara de hereje y que la lluvia es capaz de dañarle el día a cualquiera.

Esto es porque el trabajo de Daniel es limpiar los cristales de los vehículos en la Charles de Gaulle a cambio de algunas monedas.

“No me gusta, porque a veces hay gente que me dice: mira muchacho del diablo vete de ahí”, y eso, explica cabizbajo, “me da mucha vergüenza”.

Daniel forma parte del enjambre de niños, adolescentes y adultos que diariamente se desplazan desde Villa Liberación hasta la Charles de Gaulle esquina carretera Mella, a “buscársela como sea, pero sin robar”. Cada uno consigue hasta RD$200 por día.

Cuando llueve
Lo peor es la lluvia, argumenta Daniel, “cuando uno está trabajando y está nublado, que va a caer agua, a uno se le daña el día, porque la gente no quiere que le limpien el carro. Senos daña el día cuando llueve”.

A pesar de las humillaciones y los días de lluvia, Daniel tiene que seguir limpiando cristales, pues con eso ayuda a su padre, quien es “guachimán” y al que muchas veces tiene que llevarle el  pasaje.

Su hermano Junior, de 12 años, también se dedica a limpiar cristales y además es su “ángel de la guardia”.

“Yo tengo que estar pendiente de él, por si le pasa algo o si lo chocan”, explica Junior.

A diferencia de Daniel, que quiere ser abogado (y ya habla con soltura de fiscal), Junior aspira a ser un boxeador profesional, “como Joan Guzmán”. Junior está en cuarto curso de la primaria, pero este año no está asistiendo a la escuela. Su padre  no tuvo tiempo para inscribirlo.

Su amigo y compañero de labores Yeison, de 15 años de edad y en quinto curso de la primaria, quiere ser artista, “me gustaría ser como El Lápiz Consciente”, expresa con inocencia.

Por su lado, José Luis, de 12 años, todavía no sabe a qué se dedicará en el futuro. Por ahora está concentrado en conseguir un par de pesos limpiando zapatos. Desde que su padre murió y lo dejó en la orfandad junto a ocho hermanos,  tuvo que salir a la calle a trabajar,  “tengo que salir a trabajar, porque allá no hay nada qué comer”.

Elementos Comunes
José Luis, Yeison, Junior y Daniel, además de ser niños trabajadores y provenir de familias muy pobres, tienen en común que proceden de hogares donde falta uno de los padres y donde el que vive con ellos trabaja fuera de la casa.

Ninguno de ellos se considera mendigo, ni mucho menos “niño de la calle”. Aunque están conscientes de su pobreza, consideran muy digno lo que hacen.
De hecho, la gente los mira diferentes a aquellos que se dedican a pedir.

Muchos de estos  hace tiempo que perdieron la vergüenza y prefieren merodear por los alrededores de los pica pollos, pizzerías y otros negocios de comida, pidiendo a los clientes un poco de comida.

Estos últimos son los más proclives a abandonar sus hogares, caer en el vicio de las drogas, cometer pequeños actos de ratería y finalmente convertirse en delincuentes.

Quieren un futuro mejor
En la casa de José Luis son ocho hermanos. Ninguno ha logrado ser profesional, y él espera ser el primero en lograrlo.

Pero lo dice sin convicción, con la cabeza gacha, consciente de que no es fácil para un limpiabotas huérfano de padre, que tiene que salir día a día a producir algo para la comida.

 Junior, por su lado, quiere ser un boxeador famoso, como Joan Guzmán. Si lo logra, asegura, ayudará a su entrenador, y  a su padre para que deje el trabajo de guardián. “Yo no quiero que mi papá sea guachimán, porque se arriesga a que lo maten una noche. El trabaja 24 horas y luego pasa 24 horas en la casa”, manifestó.

Yeison José, uno de sus amigos y compañeros de labores, afirma que la vida de los niños que limpian cristales en las esquinas es “un caos”, porque los más grandes les dan golpes y a veces les quitan el dinero que han conseguido durante la jornada.

 A pesar de la dura realidad, Yeison sueña con ser un artista famoso.
Sin embargo, para ellos todo pudieran ser simples sueños ya que las condiciones en las que crecen es una verdadera pesadilla.
 


 

 

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