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Gobiernos autoritarios en América Latina
Alberto Peláez Andino | perspectivaciudadana.com | 23-07-2007
    

Alberto Peláez Andino, Perspectiva Ciudadana agradece esta colaboración.

albertopelaezandino@hotmail.com

Apoyados en el enfoque de Guillermo O Donnell, científico político argentino, sobre el predominio de gobiernos autoritarios y militares en   América Latina  que deviene de las tensiones sociales, económicas y políticas que en décadas recientes ha generado el tipo concreto de modernización dependiente capitalista que ha experimentado  América Latina.

Tales tensiones contribuyen a una reorientación fundamental de las políticas nacionales, por el colapso del antiguo régimen político-populista, en el cual el sector popular era un actor significativo participante en la coalición política nacional dominante de varios países. Posteriormente apareció un periodo "post-populista" caracterizado por la aparición de gobiernos represivos autoritarios que trataban de resolver aquellas tensiones eliminando la participación del sector popular en la arena  Política nacional y forzando un Movimiento regresivo de las rentas de este sector. Los niveles más avanzados de industrialización se consideran vinculados con un alejamiento de la política democrática y competitiva y con un incremento de la desigualdad.


Se entiende por Oligárquico a la elite del sector exportador de productos primarios como  minerales y agrícolas que domina el  Estado y orienta la política pública en  función  de sus necesidades. El régimen Populista está basado en una coalición multiclasista de intereses urbanos e industriales, que incluye a la elite industrial y al sector popular urbano. El nacionalismo económico es un rasgo común de estos sistemas. El Estado promueve la fase inicial de la industrialización, orientándola hacia los  bienes de consumo,  aumentando los ingresos del sector popular.


Aunque el modelo Burocrático autoritario fue concebido para las dictaduras militares del cono sur, también nos sirve para poder entender el estudio de este trabajo, sistema cercano, que mejor se podría explicar y aplicar a los gobiernos de Chávez y Fujimori. Sistema excluyente, para la mayoría de los grupos sociales y tienen un énfasis no democrático. Los actores principales de la coalición dominante son los tecnócratas de alto nivel -militares y civiles de dentro y fuera del Estado, que colaboran con estrecha asociación con el capital extranjero. Es decir se trata de eliminar la influencia política en el estado por ser ella la causante de atrasos en los resultados de gobierno y se opta por una forma más "pragmática y profesional" de tratamiento de los asuntos públicos. Mucho mejor si estos tecnócratas son venidos del exterior, educados en universidades americanas o europeas y trabajaron en organismos como el Banco Mundial, el FMI, el tesoro de EE.UU., etc.


Fernando Henrique Cardoso, hace también una aproximación histórica al fenómeno del autoritarismo en América Latina. "En Latinoamérica el respeto a los derechos políticos e incluso la existencia subjetiva de esa noción, y a las formas formales de participación política ha sido más una ideología para el uso y disfrute de las oligarquías dominantes que una práctica común. Sin embargo, el reconocimiento de una historia de poder arbitrario no sirve como explicación del autoritarismo contemporáneo".


Como dice Cardoso debemos evitar la confusión entre el caudillo del viejo militarismo latinoamericano y el control más institucional de poder por el cuerpo de oficiales; a esto se llama autoritarismo burocrático, rasgo característico de que no es solo un general o coronel que, como los caudillos del siglo XIX, imponen órdenes personales por decretos.


Seguramente esta historia se remonte a momentos anteriores a los populismos latinoamericanos, pero podemos afirmar que es desde los años posteriores al crack del 29, y desde la implementación del Estado de Bienestar o New Deal de Roosvelt, afianzándose con la situación de privilegio mundial adquirida por EEUU luego de la Segunda Guerra Mundial, cuando se comienza a consolidar un protagonismo que nos permite entender el comienzo de estas oleadas en América Latina por esos años y hasta hoy con control certero por parte del gran país del norte. Este momento coincide con la creación de los organismos internacionales tales como FMI, Banco Mundial, OMC, Gatt, etc.


Así, sin ser exhaustivos deberíamos mencionar algunos gobiernos de corte populista como el de Juan Domingo Perón en Argentina, gobernando desde 1945 a 1955, el de Getulio Vargas en Brasil, gobernando hasta su suicidio en 1954, y la seguidilla desde los años 30 a los 60 del APRA en Perú con Víctor Raúl Haya de la Torre como una de sus figuras.


En el país Rafael Leonidas Trujillo Molina quien gobernó de manera autoritaria desde el 1930 hasta el 1961.


El recrudecimiento de la agitación, las acusaciones de corrupción y la condena en 1960 del gobierno dominicano por la Organización de Estados Americanos (OEA) fueron debilitando la posición de Trujillo.
El 30 de mayo de 1961, cuando se dirigía a su hacienda de San Cristóbal, Rafael Leonidas Trujillo fue asesinado por un grupo de oficiales. Ese mismo año la familia Trujillo intentó sin éxito derrocar al nuevo presidente, Joaquín Balaguer, y se vio obligada a dejar el país.


El régimen de Trujillo fue un periodo de mucha tensión en la población, hubo muchos asesinatos, y torturas.


La era de Trujillo no fue del todo mala.Ésta tuvo varios aspectos positivos como son:
•   El mantenimiento de orden público.-
•   El progreso material.-
•   El progreso cultural.-
•   La defensa cultural del régimen.-
Luego, en los 60 y 70, y de forma bastante paralela en todo el continente, se identifica el momento de los gobiernos autoritarios, las dictaduras, los golpes de Estado. Quizás sea esta oleada una de las más significativas en cuanto al papel de EEUU, hoy probado como responsable e ideólogo directo de la instauración de este tipo de gobiernos terroristas en el continente.

 

Son ejemplos las dictaduras en Argentina en 1976 encabezada por Jorge Rafael Videla, que fuera una de las más sangrientas con aproximadamente 30.000 desaparecidos.

 

En el resto de los países cabe recordar a Augusto Pinochet en Chile, quien derrocara a Salvador Allende y estuviera en el poder hasta fines de los ochenta; Hugo Banzer en Bolivia a partir de 1971; Alfredo Stroessner en Paraguay; Juan Velasco Alvarado primero y Francisco Morales Bermúdez después en Perú; Humberto Castello Branco en Brasil; Juan María Bordaberry en Uruguay, un civil que asume en 1972 y disuelve el congreso en el golpe de Estado de 1973.

 

Nuestro continente goza de un período dulce, en el cual se generalizan cada vez más los gobiernos de izquierda, o aparentemente de izquierda, socialismos, progresismos. La historia anterior de las oleadas nos da a pensar que esta nueva oleada no es tanto un período de paz y de respuesta, como un período de transición, que no excede al control de EE.UU., sino que es permitido por no peligroso. Así como el período de las democracias, que limpió un período anterior de dictaduras y dio paso a uno posterior de control económico capitalista, este momento viene para calmar las aguas, limpiar la experiencia de los 90 y dar paso a una próxima oleada de control.

 

 Lo que no quiere decir que esta oleada misma no esté siendo vista desde cerca por EE.UU. No hay elementos que nos permitan inferir que es ideada por el gobierno norteamericano, pero sí estamos en condiciones es de afirmar que no parece ser una anomalía del sistema, sino un falso respiro, la excepción que confirma la regla, la excepción que no hace peligrar a la regla, el desvío normal previsto con respecto a un camino determinado. Todo entra dentro de los aceptable y previsible.
 
Son ejemplos Néstor Kirchner en Argentina, Evo Morales en Bolivia, Tabaré Vázquez en Uruguay, Luiz Ignacio "Lula" da Silva en Brasil.

La tibieza de estos gobiernos, la incertidumbre que generan, y algunos fracasos de gestión confirman lo dicho: no se tratan de peligros para el sistema, que los ha logrado absorber, lo cual permitiría seguir con los planes de control que garantizarán la reproducción del sistema y la perpetuación de los poderosos en sus lugares de poder, que deben cuidar.

Dos excepciones confirman esta teoría. Exceptuando incluso de estas excepciones a Cuba, país que está a la izquierda del abanico político desde la primera de las oleadas del continente, vamos a hablar de Colombia y Venezuela.

Hugo Chávez, en Venezuela, parece ser una de las excepciones, ya que es un gobierno de izquierda, bastante polémico, con rasgos populistas, que sin duda ha sido difícil de controlar para Estados Unidos (recordemos el fallido golpe de Estado) Por lo tanto, Chávez se ubica en esta misma oleada, pero no creo que se ubique también dentro de una oleada de lo controlable por el sistema. Por eso puede ser una importante excepción que lleve a esta quinta oleada controlable a ser una oleada con peso propio.
 
Por otro lado está Colombia: allí sería más peligroso que en otros lados tener un gobernante progresista. El tema de la droga y la guerrilla preocupa desde siempre a EEUU por su potencial desestabilizador del equilibrio en el hemisferio, que no es más que una forma de disfrazar el control que quiere ejercer el gobierno norteamericano. Por eso allí hay un gobernante autoritario, de mano dura, Uribe; el sistema peligraría y se haría permeable si permitiera a Colombia tener un gobernante socialista. Es por esto que la oleada puede regir para el resto de los países, pero no sería bueno que lo haga para este.


Más bien es la institución militar la que, como tal, asume el poder en orden o reestructura la sociedad y el Estado. Cuando Fujimori decidió disolver el congreso peruano, el 5 de abril de 1992, algunos sectores de la sociedad democrática reclamaron el rechazo de los militares institucionalistas, principalmente los de alto rango, para rechazar el golpe y volver a los cauces democráticos. Al día siguiente Fujimori apareció en la televisión para dar un mensaje a la nación, rodeado de toda la cúpula militar y policial, confirmando las medidas golpistas y trasmitir una amenaza velada a los que se oponían. Se había dado paso a una nueva forma de régimen político, encabezado por el propio Presidente de la República.


Este acto sería tomado como ejemplo en todo el mundo. Gobernantes que tenían problemas con el parlamento se veían tentados a suprimirlo, como lo hizo Chávez; aunque justificando una nueva constitución, Gaviria en Colombia; intentó hacerlo; Serrano en Guatemala; Paz Zamora en Bolivia; Rodrigo Borja en Ecuador. Todos a inicio  de la década del 90.


Tanto en Fujimori como en Chávez se ha visto que la nueva cúpula militar en el poder se declaró comprometida con la nación para reorganizarla de acuerdo con la ideología de "seguridad nacional" de la doctrina militar moderna. Fujimori declaró instaurado un "gobierno de emergencia y reconstrucción nacional". El ejército como garante del orden autoritario prefiere una relación basada en la alianza con grupos sociales amplios. El Estado tiende a excluir del proceso de toma de decisiones a las rganizaciones de clase, manteniendo una estructura jerárquica rígida que es controlada burocráticamente por varias agencias nacionales de seguridad y por los jefes de las Fuerzas Armadas. Las vinculaciones entre el régimen burocrático autoritario y la sociedad civil se logran más bien mediante la cooperación y captación de profesionales e intereses privados en el sistema. Bajo estas circunstancias es poco probable que se materialicen grupos estables de presión, o que emerja una red de vínculos realmente corporativa entre la sociedad y el Estado.


Otro elemento que caracteriza a los regímenes Burocrático-autoritario es que organizan las relaciones de poder a favor del ejecutivo y sus capacidades técnicas. Este reforzamiento de los poderes del ejecutivo implica un incremento de la centralización que mina la tradición federal. Así mismo implica eliminación o drástica reducción del papel de la legislatura. Además la judicatura es controlada en la práctica y en la teoría por el aparato ejecutivo. Por otra parte, la racionalidad prudencial exige el reforzamiento de un cuerpo burocrático de técnicos, especialmente en el campo económico. Estos regímenes expresan la voluntad política de las fuerzas armadas como institución. Así el ejecutivo depende de la burocracia tecnocrática y del único partido leal: las Fuerzas Armadas. En estos regímenes no existe la distinción entre el ejecutivo y las fuerzas armadas.


Los militares tienen el poder de veto a las "grandes decisiones", como el control de la sucesión política; pero no se ven necesariamente implicados en la toma de decisiones referentes a la economía u otras cuestiones importantes. El éxito del régimen depende en parte del tipo adoptado de delegación de la autoridad militar al ejecutivo.


La relación entre el Estado y los grupos de interés de la sociedad civil se basa más en los criterios y mecanismos de cooptación que en los mecanismos de la representación. Pues, quienes controlan el aparto estatal seleccionan a varias personas para que participen en el sistema de toma de decisiones, proceso de relación que se irá extendiendo hasta incluir a las fuerzas sociales más poderosas e incluso a sectores de las clases más bajas. Pero nunca aceptan la idea de representación, delegación de autoridad desde abajo; toda decisión se toma en la pirámide de poder. El militarismo de poder tiende a destruir las organizaciones de partidos políticos, con mayor razón las de izquierda; pero estos partidos no quedarán del todo desaparecidos, pasarán a hibernar y reaparecerán finalmente casi intactos.


Las nuevas formas de hacer política imponen una democracia plebiscitaria, acentuando el principio de la mayoría por sobre la libertad, que hacen que se esté "en campaña permanente". Es la video política, que cambió el ámbito público a uno donde las distinciones entre público y privado son borrosas. Se han devaluado el papel de las organizaciones de intereses ciudadanos, los partidos políticos. La ciudadanía se ve representada por organizaciones que no son parte de la institucionalidad estatal. De todas maneras, siempre hay un lugar para el optimismo: en tanto América Latina siga progresando en lo político y económico es cada vez más difícil que surjan nuevos caudillos y es probable que ese caudillismo no degenere en autoritarismo y permanezca más en latencia que en acto.

 

Ahora Surge en Dominicana un “fenómeno” Político llamado Pedro de Jesús Candelier, el cual se presenta como un manso corderito, queriendo conquistar el favor del electorado nacional, este mismo personaje el cual fue Jefe de la Policía Nacional en dos ocasiones y Director General de Foresta a quien los defensores de los derechos humanos le acusan de haber cometido varias violaciones a los Derechos Humanos de los ciudadanos. Este Señor pretende ser Presidente del país, el pueblo debe de abrir bien los ojos y ni siquiera pensar en este individuo como solución, también los partidos políticos tradicionales deben de ponerle atención urgente a este “fenómeno” político, poniéndole atención y buscándole soluciones a los grandes males nacionales, así el electorado no caerá en la aventura de poner en la presidencia a funestos personajes.


En definitiva, los gobiernos autoritarios o de mano dura, surgen por la falta de institucionalidad, por la poca credibilidad del pueblo hacia los políticos, por la proliferación de la delincuencia y por muchos factores más. Dios nos libre que en nuestro país vuelva a surgir un gobierno autoritario o dictadura, porque después de tantos años de pleno ejercicio democrático, resultaría cuesta arriba que volvamos a resucitar un Trujillo cualquiera. 

 

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