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No es lo mismo llamar al diablo que verlo venir.
HAMLET HERMANN | hoy.com.do | 29-04-2002
    

Dice un refrán popular que no es lo mismo llamar al diablo que verlo venir. La explicación de la Junta Central Electoral en relación con el dislocamiento de casi medio millón de votantes para las próximas elecciones, así como el asueto laboral sugerido mediante decreto por el Presidente de la República alrededor del día de las votaciones son ejemplos de cómo retar al destino sin contar con los recursos para enfrentar las dificultades. Ambos casos son caras de una misma moneda.

Tentar al demonio sin pensar en que podría llegar en algún momento se evidencia en la Junta Central Electoral cuando minimiza el dislocamiento de 446 mil potenciales votantes, el 10% del total nacional. El 16 de mayo, ésos votarán en mesas distintas a aquellas en que lo hicieron dos años atrás. Negar que la inmensa mayoría de esos votantes podría crear, cada uno, un foco de disturbio en los centros de votación es ignorar a sabiendas el comportamiento humano.

Debemos entender que la persona se considera individuo, es decir, un ser distinto y que al momento de ser afectado por algo, en lo primero que piensa es en sí mismo. Imaginemos a alguien que, como muchos, rechaza la idea de recluirse en un "colegio electoral cerrado" durante varias horas para poder ejercer el voto. Si al verificar su presencia en el padrón electoral se le informa que no aparece allí y que podría estar en otro recinto, es probable que, en principio, dude si de verdad vale la pena votar. Esa persona insistiría en ejercer el voto si fuera militante de alguna organización que llevara candidatos en esa jurisdicción. De no ser así, es altamente probable que se sienta inclinado a recoger sus motetes e irse a casa renegando del intento, de las dificultades encontradas y del tiempo perdido en ese afán. Evidentemente, la intención del voto no sería reforzada con el dislocamiento provocado por la Junta Central Electoral.

La intención del voto se ve también amenazada porque a nuestro inefable Presidente de la República se le ocurrió emitir un decreto en el cual declara como no laborables, partes del miércoles anterior y el viernes posterior al de las votaciones. Eso además de que el jueves 16 de mayo, por ley, no se trabaja y los días siguientes son sábado y domingo. Se crea así la tentación para un potencial "puente" no laborable de cinco días, desde el miércoles 15 de mayo al mediodía hasta el lunes 20 en la mañana. Esa decisión presidencial partió de un sofisma: supuso que la totalidad de las personas tienen que votar en otros lugares del país diferentes a donde trabajan o estudian. No es cierto que los ciudadanos con capacidad de voto que habitan en Gurabo, donde nació el presidente Hipólito Mejía, necesiten días libres para desplazarse hasta y desde un supuesto lugar de votación diferente adonde habitan. Lo mismo puede decirse de quien viva en Santo Domingo o en Higüey. Eso sólo es válido para una población flotante, cosa esta que ocurre casi exclusivamente en los casos de estudiantes universitarios.

Medidas como ese decreto, increíbles racionalmente hablando, llevan a uno a pensar en que el grupo gobernante quisiera inducir el aumento de la abstención en las próximas elecciones. Quizás ellos, quienes creen tener un voto duro, militante y fanático, piensen que con la dislocación y el espejismo de un puente no laborable de cinco días, muchos de los que no sienten tanta atracción por el voto reflexionen y prefieran no ejercer ese derecho. Es grande la tentación, hay que reconocerlo, cuando le proponen a centenares de miles de indecisos cinco días de vacaciones a cambio del encierro durante varias horas en un "colegio electoral cerrado lleno de problemas. Desprecian aposta que la economía nacional se vería perjudicada porque esos serían días de recaudación fiscal nula, de producción industrial escasa, así como de actividad comercial mínima. Varios nulos sin que haya algo positivo tienen que significar algo malo para el país. Tanto desatino sólo es entendible si se busca provocar una alta abstención electoral.

Así las cosas, entre la dislocación de medio millón de posibles votantes y el largo asueto sugerido por un decreto presidencial, podría vaticinarse que la votación el 16 de mayo será mucho menor que la que desearíamos los dominicanos. A menos que impulsemos un movimiento ciudadano formal que obligue a la Junta Central Electoral a corregir su propia dislocación, así como a rechazar el largo asueto sugerido por el Presidente de la República.
 

 

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